Elegir bancos o presidente, es lo mismo.

July 21, 2018

Lo más parecido a elegir un banco, es elegir a un presidente. La tarea es titánica, en ambos casos es necesario tener profundos conocimientos de economía, derecho y tecnología. Pero ambos ofrecen atajos simples como el carisma, los cuales simplifican la decisión, aunque no siempre generando mayores beneficios.

 

En ambos casos, quienes decidimos empezar a realizar la evaluación de la abundante información existente, internet, se convierte en la fuente predilecta, aun con sus idas y venidas de información verdadera, técnica, falsa o malintencionada. En las redes sociales, tanto bancos como presidentes obtienen comentarios extremistas, algunos evocan las mismas alimañas para referirse a ambos, otros expresan su gran amor, y la inmensa mayoría feliz y conforme apenas guarda silencio.

 

Una vez abandonadas las redes sociales, todos nosotros empezamos ingresar a los terrenos técnicos, donde expertos en subtemas profundos intentan ponernos al tanto. En ambos ámbitos, tanto bancos como candidatos hablan de inflación, de crecimiento económico, de tasas de intervención, proyecciones del salario mínimo, y unos más abiertamente que otros, hablan de sopesar bajos beneficios con regalos del carácter de una Tablet o una licuadora. Al final quedamos con sendos tomos de propuestas, dos cursos básicos en internet y un domingo invertido en el análisis de las opciones que trae más preguntas que respuestas.

 

Como personas que elegimos, nos damos cuenta que en ambos casos, la comparación de alternativas es sumamente difícil, los intems de cada alternativa suelen variar de economía a derecho, imposibilitando la simple comparación de costos para definir nuestra preferencia. Por el contrario, se deben evaluar beneficios de distintos talantes, consecuencias y permisos en diferentes ámbitos. Usualmente ninguna las opciones a elegir es 100% mejor en todo, y peor aún, nos vemos obligados a comparar peras con manzanas para decidir. Al final, los temas a evaluar son tan variados, que ni siquiera podemos llegar a definir cual beneficio tiene más ponderación en nuestra elección.

 

Elegimos candidatos cada 4 años, en donde por unos 2 meses intentamos comprender, entender y analizar el panorama político, mientras que en los 46 meses restantes intentamos vivir como médicos, ingenieros, matemáticos y demás. En los bancos tenemos el mismo problema, decidimos tomar un crédito cada 4 o 5 años, intentamos aprender lo necesario, pero luego el tiempo nos hace olvidar, o, la legislación cambia y ya no conocemos lo que pasa. En ambos casos, el consumidor no tiene la oportunidad de adquirir práctica, de tomar elecciones, reconocer errores, corregir y volver a elegir rápidamente; las decisiones en estos ámbitos se vuelven de extrema complejidad debido a la escasa retroalimentación.

 

Tanto candidatos como bancos han comprendido la complejidad de sus propuestas, por ello, su publicidad no habla de las consecuencias o necesidades de la gente, por el contrario, tratan de generar manifiestos pasionales, exaltando una visión idílica, platónica y pasional de sí mismos que se esboza y resume en un corto eslogan. Esto no es por maldad sino por incapacidad, porque comunicar beneficios de largo plazo como el ahorro, el plan de desarrollo o las políticas de educación tomaría el tiempo, casi un semestre completo de clase y no 30 segundos de pauta publicitaria, a la cual ya ni queremos prestar atención.

 

Entonces el consumidor electoral y bancario queda con un cartapacio de información, mas preguntas que respuestas y ninguna afiliación ni decisión. Si alguno ha llegado a este punto, el costo ha sido altísimo: tiempo invertido que pudo haber sido empleado en dormir, además de esfuerzo mental requerido, en vez de solo comer, callar, y acostarse a ver una serie en Netflix.

Muchos ni siquiera llegan a este punto, muchos deciden consultar, como en “Quien quiere ser millonario”, con la llamada a un amigo. Dicho amigo, familiar, amante, novio o esposo, usualmente corresponde a una persona en la que confiamos, en la que reconocemos una mayor experiencia, mayor conocimiento del tema, y, sobre todo, es un referente de lo que deseamos o aprobamos.

Pedir consejo, es un acto perfecto para salvarnos de todo el esfuerzo ya mencionado, eso ya lo entendieron las marcas y candidatos, que usan influenciadores como famosos, generadores de opinión o proyectadores de imagen para comunicar sus estrategias. Otro problema es que no tenemos certeza si quien nos recomienda ha estado afiliado a tan solo un banco, o simplemente no ha tenido en cuenta la experiencia o propuestas de otros candidatos. Hay que tener en cuenta, que son extremadamente pocos, los que son capaces de aceptar que siguen pagando por un pésimo servicio, o incluso, son pocos los que tienen la valentía de reconocer que sus candidatos anteriores se han equivocado; al contrario, usualmente defendemos las teorías de persecución y calumnia antes de aceptar que la persona o institución en la que confiamos, se equivocó. Por otro lado, debemos considerar que quien aconseja no tiene por qué estar en la búsqueda de lo mismo que uno, mientras a unos les importa más pagar menos impuestos, a otros nos interesa mejorar la productividad, por lo cual, las opciones recomendadas no necesariamente están alineadas a los efectos esperados de las decisiones a tomar.

 

Al final, nos entra el desespero, decidimos salirnos de internet y volver a Netflix solamente, el día que necesitamos sacar un crédito y votar por el presidente, terminamos eligiendo del que mas nos acordamos, porque nos suena bien o porque se ve bien; confiamos en elegir al que más personas ya eligieron, pensando que son los que saben, cuando puede ser apenas un efecto de bola de nieve.

 

La complejidad de elegir una entidad bancaria o un presidente, se origina en una decisión a tomar en campos donde las evaluaciones de las opciones no son lineales, donde se valúan peras con manzanas, donde las comparaciones no son cuestiones de sumas y restas, donde tenemos poca recurrencia en la elección escasa, donde no comprendemos las implicaciones futuras de la elección, es donde la información es abundante pero sesgada y contradictoria.

 

En estos contestos, es necesario que las mismas entidades ayuden a los consumidores en su elección. La presentación de información se vuelve primordial. Se vuelve obligatorio para todos, la uniformidad de los formatos en los que se entrega información, esto permite que los usuarios realicen comparaciones más rápidas entre las opciones presentadas. Se vuelve necesaria la exigencia de requerimientos mínimos de información para evitar que los usuarios utilicen atajos mentales para elegir como la simpatía y el agrado por lo bello. Al final, debe ser obligatorio la reducción de los grandes párrafos de información, para generar simples tablas que direccionen a los electores hacia la información más relevante.

 

La psicología del consumidor ha desarrollado y definido cuales son los métodos mas efectivos para transmitir información. Solo falta que la industria se acerque a la academia para experimentar en su día a día, los beneficios de comprender profundamente a los clientes.

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